Ataviado con su habitual traje en negro, corbata de lunares y brillante sonrisa, el de Linares ha descendido, pasadas las ocho de la tarde, una de las dos escaleras que flanqueaban el escenario mientras los incondicionales que completaban el aforo le vitoreaban.
Los tÃtulos de las dos canciones que han abierto el espectáculo Raphael han sido una declaración de intenciones de lo que iba a ser el espectáculo : "Mi gran noche" y "Yo sigo siendo aquel", un mensaje que ha reforzando declamando "Yo sigo siendo aquel, ¿no lo ven?, el Raphael de siempre".
Las referencias al pasado han continuado recordando que en este teatro realizó su primer concierto, además de ser donde "volvió a nacer" tras sus problemas de salud en el 2000 y el que ha elegido para volver a coincidir con Alejandro.
"Enfadados" ha sido la primera de las canciones en sonar desde "El reencuentro", disco que Alejandro le ha compuesto a Raphael tras casi treinta años desde su última colaboración. Un trabajo que, con canciones como el single "Eso que llaman amor", ha sido recibido con igual entusiasmo por su público que sus grandes clásicos.
El cantante ha abierto otro espacio para aquellos temas que ha denominado "históricos", entre los que se ha encontrado "Hablemos del amor", con el que acudió por segunda vez a Eurovisión en 1967; la canción principal de la pelÃcula en que se estrenó como actor, "Cuando tú no estás"; y una de sus favoritas "Desde aquel dÃa".
A pesar de que las composiciones de Alejandro han sido las dominantes; Raphael le ha sido "infiel" con otros grandes nombres como Carlos Gardel junto al que ha cantado a medias "Volver", con la voz del maestro del tango procedente de una vieja radio; o Armando Manzanero, autor de "Adoro".
Entre caras extasiadas y gritos espontáneos ha transcurrido la última parte del concierto, con canciones como la versión "a capella" y de nuevo sin micrófono de "Para volver a volver", que ha supuesto la mayor de las ya de por si potentes ovaciones de la noche.
"Escándalo" o "Maravilloso corazón" han dado pie a bailes improvisados de pie junto a los asientos.
El cantante Raphael puso en pie la Plaza de Toros de Don Benito en una actuación de más de dos horas que consiguió que las más de 2.500 personas que acudieron como público se entregasen al espectáculo.
El artista llegó al coso dombenitense con 'Lo mejor de mi vida', un espectáculo en el que el cantante se subÃa al escenario solo con el acompañamiento de un pianista. Un concierto sencillo pero que sirvió para que la voz del artista ganase aún más protagonismo.
En un ambiente con una decoración tÃpica de un piano bar repasó toda su discografÃa con temas como 'Yo sigo siendo aquel', con la que comenzó la actuación. Le siguió canciones como 'Mi gran noche'. Tras dirigirse al público continuó con algunas de sus 'joyas' y se refirió a los temas que le ha compuesto Manuel Alejandro. El concierto fue creciendo y los asistentes fueron ganando complicidad con el artista.
En todo momento el cantante demostró estar en forma y acompaño cada una de sus canciones con sus particulares movimientos, bailes y gestos para comenzar y terminar muchas de las canciones. El piano estaba flanqueado por dos escaleras que terminaban en otro escenario superior al que Raphael subió en varias ocasiones. El algunos momentos se atrevió incluso a abandonar el micrófono para llegar a toda la plaza solo con su voz.
El artista se fue metiendo al público en el bolsillo poco a poco, sobre todo con la canción 'Estar enamorado'. La gente se animó mucho con 'Escándalo' pero el final del concierto fue el más esperado con la interpretación de 'Yo soy aquel', muy reclamada por mucha gente a lo largo de la actuación.
Llegó, cantó y triunfó. Bueno, realmente triunfó incluso antes de cantar, puesto que su simple presencia en el escenario del Gran Teatro, decorado con una escalera de subida y bajada y una especie de tablado, fue acogida con una gran ovación y el público puesto en pie.
De ahà en adelante, todo ovaciones, acompañamiento con palmas y voz, en fin, el delirio, con un incombustible Raphael que superó las dos horas seguidas de concierto, sin descanso, y como siempre, a pleno pulmón, incluso a veces sin micro, con un piano como único acompañamiento.